10.- ¿QUÉ ESCUELA QUEREMOS?

UNA PÁGINA DEL DIARIO DE CLASE

Creo que el curso está preparado para trabajar con cualquier maestro o maestra, independientemente de las técnicas que utilice.
Os contaré por qué.

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Hace un par de semanas, era martes ese día, llegaron a clase tres alumnas de la universidad porque se habían enterado que hacíamos otras cosas diferentes al libro de texto y cuadernillos.
Para informarlas, nadie mejor que vuestros hijos e hijas, así que les pedí se colocaran en asamblea alrededor de la clase.
Las preguntas eran claras, sencillas:
¿Qué es lo que más os gusta de todas las actividades que hacéis en clase?
¿Qué os gustaría ser de mayores?

Yo estaba contento porque pensé que les contarían cosas interesantes que hemos estado haciendo estos cursos: textos libres, revista digital, prensa para conocer el mundo, talleres plásticos y matemáticos con la ayuda de las madres, huerto escolar, programas en el ordenador, salidas de investigación al medio, conferencias, nuestros álbumes en flickr, el país de las palabras, taller de poesía, canciones, lectura solidaria con infantil, biblioteca, teatro y tantas otras cosas, además de los libros de textos.
Pues mi gozo en un pozo y profundo.

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Empiezan a hablar los chicos y dicen que no les gusta nada de la escuela y que ellos solo quieren jugar al fútbol, que quieren ser futbolistas cuando sean mayores y por tanto lo único que les gusta es Educación Física y los recreos. De lo demás no les gusta nada.
Con la excepción del algún chico y de las niñas que tampoco es que les gustara mucho la escuela, pero al menos querían ser médicas, arqueólogas, profesoras etc. La impresión que se llevaron debió ser lamentable, porque yo me quede mudo.
Y para completar la guinda de esta dulce tarta alguien dijo que lo que menos le gustaba de todo era el maestro.
Aquí no pude callarme y pregunté por qué decían eso.
Respondieron que no les dejaba hacer lo que querían.
Volví a preguntar si no tenían la asamblea de clase para decidir todo lo que estamos haciendo, que los acuerdo se tomaban por unanimidad o mayoría absoluta.
Dijeron que no era eso, sino que en las clases era demasiado duro y no les dejaban jugar.
Volví a plantearles la cuestión de si lo que querían era el comportamiento de infantil de cinco años o primero y si esa forma de estar en clase nos llevaba a algún sitio. Y ahí terminó el debate.

El miércoles al llegar a clase les dije que se pusieran de uno en uno. Que había reflexionado esa noche y había decidido, que como no sabían valorar la escuela que teníamos volveríamos a LA ESCUELA TRADICIONAL,
que para mí era más cómoda porque con los libros y la pizarra tenía bastante y así no tenía que molestarme en preparar nada.
Hubo quien dijo que si me había vuelto loco. Contesté que quienes no valoran lo que tienen no se merecen tenerlo.
Y así nos hemos pasado una semana trabajando con libros y ejercicios de la pizarra: libros, explicaciones del maestro, ejercicios en la pizarra y en completo silencio.

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– Que tenemos que hablar para explicarnos esto, que tengo que ayudar a mi compañero.
– Nada, en la escuela tradicional solo sabe el maestro y los demás a callarse.
– Que si los ordenadores.
– Nada de nada. En la escuela tradicional no hay ordenadores.
– Es que yo opino.
– Aquí no se opina…
– Que no puedes castigarnos sin huerto, porque lo decidimos en una asamblea.
– No es que os castigue sin huerto, es que en la Escuela Tradicional no hay huerto y por tanto no os puedo castigar a no ir.
– Que en los recreos nos quedamos ensayando baile y en los ordenadores.
– En la escuela tradicional cuando no nos toca vigilar el recreo los maestros nos vamos a tomar café.
– ¿Y los talleres con las madres? …
– ¿Qué madres? En las Escuela Tradicional padres y madres no participan….
Y así, me he divertido durante toda una semana.
Si hubiera podido grabarlo sería una película y buena, porque había que verles las caras.
Además os digo que están preparados y preparadas para la escuela porque no han dicho ni pío, trabajando sin parar y atendiendo.

Pasada la semana hicimos la correspondiente asamblea de valoración.
Suleima nos leyó un magnífico trabajo que había hecho sobre la Escuela Tradicional y sus diferencias con la Escuela Moderna y tras discutir el punto, aprobamos por mayoría absoluta de 22 votos a favor y 2 en contra que volviéramos a la Escuela Moderna.

¿Por qué dos chicos en contra?

Aquí se plantea otro problema serio.
Habían manisfestado en el debate que cuando nos ponemos a trabajar en los Planes de Trabajo, ahora rendían más porque todo el mundo estaba en silencio
-Mientras en la Escuela Moderna hago una página, en la Tradicional hago tres, porque me concentro más y no me distraigo. – fue la explicación.
Bastante sensata desde mi punto de vista.
Así que pasamos a discutir si podíamos hacer como en la escuela tradicional cuando estamos realizando los ejercicios del libro y Escuela Moderna en el resto de las actividades.
Y efectivamente. Decidimos no hablar o hacerlo muy bajo cuando estamos trabajando.
Y en ello estamos. HA SIDO TODO UN ÉXITO y estamos funcionando mucho mejor. CREO QUE LO HEMOS CONSEGUIDO.

Aunque no podemos eludir el problema de los intereses o aficiones de la mayoría de los chicos. La verdad es que si me doy cuenta antes habría hecho algo, pero suelo ser despistado. Ya el curso pasado jugaban en el patio de arriba con botes de zumo al no poder usar pelotas y no le di mucha importancia. Había cierto liderazgo y se lo tomaban muy en serio.
El problema es el monolitismo, la comedura de coco que les hace no pensar más que el fútbol, como si les hubieran colocado en el cerebro una semilla de balón que les va creciendo y sustituyendo toda la masa encefálica.. No ven más que balón. No os creáis que no es serio ya visteis de que fue la murga de carnaval, les tuve que decir que noticias de fútbol no, sino de cosas importantes del mundo, para ellos eso era lo único importante y a la hora de proponer nuevos talleres plásticos solo quieren que se haga fútbol. Son monotemáticos absolutos.
Tenemos que discutir y analizar el problema porque ya sabéis que las motivaciones e intereses son el motor que nos mueve a actuar en una dirección o direcciones concretas, así que aunque les guste el fútbol, por qué no, hay que hacerles ver la realidad y que se vayan interesando por otras cosas. TENÉIS UNOS HIJOS E HIJAS MARAVILLOSOS-AS.

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